Un día le preguntaron a Guillermo del Toro
si le iba al América y antes que otra cosa, respondió: ‘¡Ni madres!’ Él le va
al Atlas y, por eso, la semana pasada cuando llegó al
estadio de las Chivas invitado por Jorge Vergara, los fanáticos le organizaron
una rechifla. Como si fuera la mosca en la sopa de su viaje a Guadalajara, no
sé cuál fue su reacción, si les sonrió y les contestó con el caracol
correspondiente o qué. No importa.
Después de ver esto en la TV, me puse a
revisar mis apuntes sobre el fanatismo: “no conozco a ningún fanático que tenga
sentido del humor” dice Amos Oz en su
libro En contra del fanatismo (Siruela, 2010) y ahora en Queridos fanáticos
(Siruela, 2018), tal como lo pudimos comprobar en el 2015 cuando la revista
Charlie Hebdo publicó una caricatura del profeta Mahoma y no tardaron en llegar
los fanáticos para matar a los artistas gritando: ‘¡Alá es el más grande!’
Existe el humor grueso e hiperrealista de
los que se ríen de los defectos ajenos, pero hay uno que es fino y surrealista
como el que se ríe de sí mismo, por eso digo que no hay que confiar en aquellos
que no tengan este sentido del humor, ni aguanten que se les haga una broma
sobre el tema de su fanatismo, pues son cerrados, solemnes, prepotentes,
forrados de vanidad con la que desprecian al resto del mundo, sin poder aceptar
que cada quien es y piensa como quiera, sin que por eso les demos una rechifla
o balazos.
El abanico del fanatismo va desde el
futbol, pasando por los partidos políticos (ya saben ustedes cuál) y las
religiones y, sin que admitan diferencias, ni pluralidad alguna, tratan de
obligar al resto del mundo a que sean como ellos. Su equipo o lo que sea es
intocable.
Amos Oz nació en Jerusalén y es experto en
este tema. Con mucha gracia nos cuenta cómo su abuela Shlomit le explicaba la
diferencia entre los judíos y cristianos: “Los cristianos creen que el Mesías
ya estuvo aquí y que algún día volverá a nosotros. Y nosotros, los judíos
creemos que el Mesías aún no ha venido. Esta diferencia ha traído al mundo odio
e ira, persecución o a la Inquisición, pero, ¿por qué?, ¿por qué no nos ponemos
de acuerdo y esperamos con paciencia a ver qué ocurre? Si el Mesías llega un
día y dice: ‘Me da mucho gusto volver a verlos’, entonces, los judíos tendrá
que reconocer su error. Pero si dice: ‘Encantado de conocerlos’, el mundo
cristiano tendrá que disculparse con los judíos. Pero, ¿por qué no, hasta la
llegada del Mesías, podemos vivir y dejar vivir a los demás?”
La abuela bien conocía el secreto de vivir
en un mundo abierto, así como, la magia y el placer que hay en la diversidad y
la riqueza que implica vivir con personas con creencias diferentes y costumbres
distintas –dice Amos Oz.
El que tiene sentido del humor se puede
reír de sí mismo y si esto es posible, entonces se inmunizan al fanatismo. Por
eso habría que crear pastillas con píldoras humorísticas para dárselas a los
fanáticos, sin importar que con eso, gane el Nobel de Medicina y no el de
Literatura –dice Amos Oz, riéndose de sí mismo.
El fanatismo parece que es ‘el gen del mal’
que impide la autocrítica, el intercambio de ideas y de principios, actuando
casi siempre, contra víctimas inocentes con cierta alevosía y ventaja.
Guillermo del Toro vino
a Guadalajara, su casa, para compartir el éxito que ha tenido, dar Clases
Magistrales, inaugurar una sala de cine con su nombre en el CAE, ofrecer becas
a cineastas y, de pasada, desayunar un menudo en el mercado de Santa Teresa,
pero, no se esperaba una rechifla de los fanáticos. ¿Sería la mosca en la sopa?
La mosca en la sopa
21/Mar/2018
Enlace Judío México- por Martín Casillas de Alba (Informador)